En el norte de la provincia de Salta, donde la tierra es generosa pero las oportunidades escasean, Fundación Markani impulsa una solución que transforma una paradoja en posibilidad: convertir los excedentes agrícolas que se pierden cada año en alimentos nutritivos, empleo local y autonomía comunitaria. La herramienta central de este proceso son los deshidratadores solares industriales comunitarios, una tecnología limpia, accesible y profundamente adecuada para la realidad de los territorios donde trabaja la fundación.


Una paradoja que no puede seguir ignorándose

Las comunidades indígenas y rurales de Iguopeigenda (Orán), Isla de Cañas (Iruya) y Morillo (Rivadavia) conviven con una contradicción crítica: son zonas de alta producción agrícola, con abundancia de banano, mandioca y algarroba, pero enfrentan niveles alarmantes de inseguridad alimentaria y desnutrición infantil. Se estima que hasta el 40% de la producción agrícola no llega a comercializarse y termina desperdiciándose, mientras familias enteras padecen la falta de acceso a alimentos nutritivos y el gobierno de Salta ha declarado la emergencia alimentaria en la región.

La causa central de este desaprovechamiento es la ausencia de infraestructura adecuada para conservar y procesar los alimentos. Sin esa infraestructura, los excedentes de cosecha no pueden convertirse en productos con valor agregado ni alcanzar mercados más amplios. Allí es donde interviene la propuesta de Fundación Markani.


Qué son los deshidratadores solares y por qué son la solución adecuada

Los deshidratadores solares industriales son equipos que aprovechan la radiación solar para extraer la humedad de frutas, raíces y otros alimentos, prolongando significativamente su vida útil sin necesidad de conservantes artificiales ni combustibles fósiles. El norte de Salta cuenta con índices de radiación solar entre los más altos del país —superiores a 5,5 kWh/m²/día en promedio—, lo que convierte a esta tecnología en una opción especialmente eficiente y económica para la región.

Desarrollan deshidratador solar tipo container y transportable |  Blueberries Consulting

Frente a métodos de deshidratación convencionales que dependen de electricidad o gas, los deshidratadores solares comunitarios operan con un costo energético mínimo, eliminan la dependencia de combustibles fósiles y pueden funcionar en territorios rurales alejados de la infraestructura energética convencional. Esto los convierte no solo en una herramienta productiva, sino en una demostración concreta de las posibilidades de la energía solar para el desarrollo rural sostenible.


De excedente desperdiciado a harina nutritiva con identidad territorial

El modelo impulsado por Fundación Markani no se limita a instalar equipos: propone un circuito productivo completo y autogestionado. Las unidades productivas comunitarias integran deshidratadores solares industriales con maquinaria de molienda, selladoras, sistemas de almacenamiento en seco y equipamiento de empaque, conformando pequeñas plantas de procesamiento de alimentos instaladas directamente en cada comunidad.

Con esta infraestructura, las comunidades transforman los excedentes de banano, mandioca y algarroba en harinas saludables, libres de gluten y de alto valor nutricional, con larga vida útil y posibilidad de comercialización en mercados locales, ferias comunitarias, comedores escolares y programas públicos de alimentación. Los productos integran además un componente de identidad cultural invaluable: recuperan el conocimiento ancestral sobre el uso de frutos nativos y cultivos tradicionales, diferenciándose en el creciente mercado de alimentos saludables y sostenibles.


Comunidades protagonistas: mujeres, jóvenes y autonomía real

Un aspecto central del modelo es quiénes lo llevan adelante. Más del 70% de las personas involucradas son mujeres y jóvenes indígenas y rurales, que participan activamente en toda la cadena de valor: producción, procesamiento, comercialización y gestión de las unidades productivas. Las comunidades son propietarias colectivas de la infraestructura y retienen íntegramente los ingresos generados.

comunidad tupi guarani iguopeigenda - Gente de Salta

Esto no es un detalle menor. En territorios atravesados por desigualdades estructurales, racismo, pobreza y violencias de género, la generación de autonomía económica real para mujeres indígenas representa una transformación profunda en los roles y posibilidades de vida de cientos de personas.

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Desde el inicio del proyecto piloto en 2023, la iniciativa ha alcanzado a más de 560 beneficiarios directos, generado 132 oportunidades de participación económica comunitaria y capacitado a más de 120 personas en producción, manipulación segura de alimentos y gestión organizativa. Se estima además que alrededor de 1.800 personas se benefician indirectamente a través del acceso a alimentos nutritivos, la dinamización de economías locales y la transferencia de conocimientos.

ISLA DE CAÑAS SEDE DE LA JORNADA YCHAYNINCHEJ PARA INCORPORAR SABERES,  HISTORIA Y COMOVISIÓN DEL PUEBLO KOLLA – saltaeducs

Un modelo replicable para América Latina

La solución de Fundación Markani está diseñada para escalar. El modelo es replicable en cualquier territorio con alta radiación solar, producción agrícola con excedentes y comunidades en situación de vulnerabilidad, características presentes en gran parte de Argentina y en países como Bolivia, Perú, Ecuador y Panamá. La visión a largo plazo es consolidar una red regional de comunidades productoras de harinas saludables con identidad territorial, conectadas a mercados de alimentos nutritivos de creciente demanda a nivel nacional e internacional.

Los deshidratadores solares comunitarios son mucho más que máquinas. Son la expresión concreta de una forma diferente de entender el desarrollo: desde el territorio, con las comunidades como protagonistas, integrando tecnología limpia con saberes ancestrales, y apostando a que la sostenibilidad alimentaria y la autonomía económica son posibles incluso en los lugares que el sistema históricamente ignoró.

Conocé de cerca a las comunidades

Detrás de cada harina, cada deshidratador y cada capacitación hay rostros, historias y voces que merecen ser escuchadas. Te invitamos a conocer de primera mano el trabajo que realizan las comunidades de Iguopeigenda, Isla de Cañas y Morillo: sus procesos productivos, sus saberes ancestrales y el día a día de las mujeres y jóvenes que lideran este camino. En los videos y publicaciones que acompañan esta nota podés ver en acción lo que las palabras apenas alcanzan a describir: la fuerza, la organización y la creatividad de comunidades que decidieron transformar su realidad desde adentro. Mirá, compartí y sumate a difundir estas historias que el norte salteño tiene para contarle al mundo.

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